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Tantra

1 de diciembre de 2011
Lentamente mis partes se van integrando, cada dia menos fragmentada, cada vez mas unida. Los polos se desintegran, desaparecen, se funden en un punto medio.

El mantra se convierte en gemido.

Tuve mi primer orgasmo físico-mental controlado. ¡Gracias!

Mi cuerpo está listo para soportar toda la intensidad que tengo entre las piernas. Mi mente también. Mi corazón también.

Sólo debo permanecer en la postura, y respirar profundamente.

Curiosa

12 de julio de 2011
No es nada fácil encontrar una persona con la cual haya un entendimiento sexual casi perfecto. Es más, con el paso del tiempo siento que es cada vez más difícil, no se bien si es la falta de práctica o si es que la exigencia crece.

Me da mucha curiosidad cuánta gente podría, por ejemplo, estar leyendo esto, y ser un potencial compañero sexual casi perfecto, o compañera.

Mucha curiosidad...

Dos, Tres, Dos.

15 de junio de 2011
Luego de dos cancelaciones, llegó el día en que ella nos invitó a su casa. Amiga de la facultad de mi novio, ellos habían tenido algunos encuentros antes de conocerme, y hace casi dos meses yo le regalé a él una tarde de sexo con ella. ¿Por qué? Porque quiero verlo feliz, porque quiero verlo jugar, porque no quiero atarlo ni poseerlo, porque si hay algo que me gusta de él es su sexualidad, su perversión y su capacidad de juego.
En mi fantasía estaba todo bien, pero internamente sabía que no sería fácil. 
Sábado a la noche, llegamos a su puerta con un Cabernet. Ella me gustó, era bonita, inteligente, atrevida y sensible. Nunca había estado con una pareja ni con una mujer. 
Nos sentamos en el living, ella nos sirvió el vino que estaba tomando, que era el mismo que nosotros habíamos traído, casualmente.
Pasó el tiempo y pensamos que ya no iba a pasar nada, lo que me puso un poco de mal humor. Creo que ella lo notó y se acercó, sin mas, se sentó en el medio de los dos, levantó los hombros en un gesto tímido y nos miró con algo de temor. Me pareció valiente, hermosa, empecé a acariciarla y todo el resto desapareció. Hacía mucho que no estaba con una chica, y me había olvidado lo que me gusta, cuando hay piel.
Él nos llevó a la cama. Todo se dio de forma muy fluida, el tres pulsaba, nadie quedaba afuera nunca, era como una danza perfectamente coreografiada pero con toda la magia de la improvisación. Ella estaba entregada a la experiencia, al igual que yo. En ese momento me di cuenta que no era un regalo para él, sino para ambos, hasta ese momento no lo sabía.
Quedamos extasiados en la cama, él en el medio y nosotras a los lados, abrazados. Respirando. Los ojos se entrecerraban, y la noche iba muriendo. Entre caricias, besos y abrazos me di cuenta de que estaba "compartiendo a mi novio". No sólo era sexo, era todo. La odié, quería matarla. En ese instante apelé a todos mis aparendizajes sobre el desapego, la mente, la respiración. Aun quería matarla, pero estaba conciente de que esos sentimientos no me iban a dominar, sino yo a ellos. ¿Que sentido tenía alimentar a estos pensamientos? Ninguno, los dejé pasar.
A la mañana, luego de tener sexo nuevamente, nos quedamos un momento solas, abrazadas en la cama. Le agradecí, desde el corazón, que nos abriera su casa, sus puertas, su cuerpo. Cuando la veía interactuar con él se me revolvía el estómago, incluso una mirada, una palabra, cualquier cosa me dolía. Pero lo dejaba ir. Podía hacerlo porque sentía que él me elegía, y también porque sabía que si algún día él no me elige, es lo que tiene que ser, con o sin trío de por medio. 

Aprendí que en lo sexual el tres es perfecto para mí. 
Aprendí que en todo el resto de lo vincular no puedo ni quiero estar de a tres.
Aprendí que si no estamos dispuestos a sentir un poco de dolor, nos vamos a perder de muchas experiencias maravillosas que la vida puede ofrecernos.
Redescubrí que el dolor es inevitable, pero es parte del todo. 

44

27 de mayo de 2011
De pronto me empecé a calentar, de la nada. De manera completamente inexplicable. Empecé a pensar cosas, y a estar cada vez mas caliente. Me frotaba, me rozaba, pero no era suficiente.
No dude, ni bien me bajé del 44, en entrar al primer bar que vi.  De forma cortés, como es característico en un dama, pregunté si era posible usar el baño. Con gentileza el señor de la barra me indicó el camino. Supongo que no se imaginaba cual era mi urgencia.
Por suerte estaba vacío, aunque de haber alguien, no hubiera impedido lo que ya estaba decidida a hacer. Trabé la puerta, dejé la cartera en el piso y me desabroché el jean. Me senté y empecé a tocarme. Noté lo masculino de la situación. No pensé en nada ni en nadie, sólo necesitaba agotar esa calentura que de forma inexplicable se estaba apoderando de mí. Acabé finalmente en algún bar de Belgrano, ni siquiera recuerdo cual era.
Me arreglé nuevamente, agradecí al hombre de la barra y seguí mi camino.

Uno, dos, tres.

25 de abril de 2011
Esa noche, entre tangos y luces, le recordé que quería hacerle un regalo: una noche con una trola y conmigo, o un encuentro libre con una amiga de él. Obviamente eligió lo segundo, y esa misma semana ya tenía el encuentro programado.
Sentí mucha ansiedad, como un cosquilleo, algo de nervios y alegría. Era una amiga de la facultad, de la que ya habíamos hablado antes. El me contó que le encantaba disfrazarse y que la cojan por la cola. Me gustó.
Llegó el día, nos despedimos con un beso. Yo empecé con mis clases, apenas podía concentrarme. Tenía ganas de que ya sea la noche. A eso de las tres de la tarde sentí cómo se paraba su pija, sí, a la distancia, sentí su calentura y empecé a extrañarlo.
Terminé las clases y me pegué una ducha. Al rato recibo un sms suyo, estaba volviendo.
Me senté a meditar un rato, porque estaba completamente descentrada. Sentía una profunda tristeza y algo de enojo también. Me sentía insegura. Cómo la habría pasado? Ella sería más linda que yo? Le habría gustado más su cuerpo, sus formas, se mente? No podía parar de pensar, hasta que al final de la meditación recordé que era un regalo para él, y me dio alegría poder dárselo. Esto es amor, pensé.
Llegó y hablamos de boludeces, me había comprado un termo nuevo (el mío ya no daba más), y hablamos durante otro rato de eso. En un momento le confesé que no sabía si quería saber o no. Hicimos un mate, me senté en sus piernas y empezamos a hablar. Me contó unos detalles de su vida, de su casa, de su gato. Me mostró una foto que ella me había enviado como regalo. Ahí me di cuenta de que no quería saber más. Le pregunté si lo había pasado bien. Era lo único que quería saber ahora. Me dijo "bien".
Esa noche casi no pude dormir. Estaba a punto de salir a caminar cuando decidí meterme nuevamente en la cama y abrazarlo. Luego de un rato largo logré desaparecer del mundo.
Al otro día no me sentía mejor, segui triste y enojada conmigo. Me puteaba por haber tenido esta ridícula idea. ¡Si estábamos tan bien! pensaba... ¿Para que mierda le habré propuesto esto? Sentí que era casi como un auto-boicot, o algo parecido.
Tuvimos el almuerzo de pascuas. El último lugar de la tierra donde quería estar... Veía al resto de las parejas, tan cómodas, hablando de hijos, de trabajo... Y yo no podía dejar de pensar que no pertenecía ahí. Que nunca lo haría. Me sentía ambivalente.
Nos fuimos. En el viaje de regreso ya me sentía mejor, y me empecé a excitar. El colectivo vino repleto, y él aprovechaba para apoyarme de tanto en tanto. Cuando llegamos a casa nos acostamos en la cama, estábamos exhaustos luego de la reunión familiar. Me acerqué y le pedí que me toque. Me dijo que me sacara el jean y la tanga, y empezó a tocarme. Me subió a su cara para chuparme, hace mucho que no lo hacía. Me di cuenta que en nuestras primeras veces lo hacia siempre, y que a ella se lo habría hecho, y lo sentí como una recompensa. Acabé en su cara. No dijimos ni una palabra.
Luego de cenar le dije en broma que me tenía que cumplir como marido, como indirecta de que quería hacerlo de nuevo, pero esta vez con él. Se subió sobre mí y me empezó a cojer. Yo me sentía muy bien. Me di cuenta de que lo había extrañado. Le pregunté si me había extrañado y me dijo que mucho. Lo sentí más excitado de lo normal, me miraba con esos ojos perversos que me queman la cabeza. Me coje con los ojos, y eso me mata. Me cojía cada vez más fuerte y me dolía, yo gritaba fuerte pero me lo bancaba, buscando ese punto en donde el dolor se convierte en placer. Estaba cada vez más mojada. Lo imaginaba cojiendo con su amiga y me moría de calentura. Supe que había hecho lo correcto. Quería darle todo. Podía darle todo.
Me dijo que me suba sobre él, empecé a moverme yo arriba. Siempre le pregunto cuando cojemos si soy su preferida, y el me contesta que no, que soy la única. Ahora podía elegir. Le pregunté entonces si era su preferida, y me dijo que sí, que lo era. Me gustó escucharlo de su boca, mientras sentía su pija clavarse cada vez más adentro. La calentura que teníamos era increíble. Tuve que parar de moverme para que no acabe. Respiramos, le di un beso y seguí. Empecé a sentir mi orgasmo y el suyo. Como nunca.
Me sentí más suya que nunca. Feliz. Completa. Con todas las incertidumbres y certezas en perfecto equilibrio.

Excitada

14 de enero de 2011
Estoy muy excitada. Muy.

En otro momento hubiera salido como cazadora despiadada a buscar...

Esta noche no. Respiro. Tomo una copa de vino y lo dejo pasar. No quiero que me dominen mis instintos cuando estoy así.

Sé que se preguntan por qué. Yo también.

Quiero elevar esta intensidad a otro nivel. Lo que puedo encontrar afuera hoy no es suficiente.

Así que sirvo una copa más de vino, escucho a Sabina y me dejo...

Fantasías II

4 de agosto de 2010
A partir de ese momento el no quedó fuera de discusión. Asentí con la cabeza y metí esa pija desconocida a mi boca. Luego fue otra. Me estaba muriendo de ganas de que alguien me coja, no podía más. Pero tuve que chupar alternadamente las pijas durante un rato, mientras las manos de ya no se quien me recorrían todo el cuerpo. Cuando pasaban por mi concha deseaba que entren, pero nada. Me estaban matando. Creí que podía morir de placer ahí mismo. Necesitaba que me penetren. Empecé a gemir más fuerte y a acelerar la respiración.
- ¿Qué pasa putita? ¡Estás caliente!
- Si, muy caliente – respondo, apenas podía articular palabra – Quiero que me cojan.
- Eso lo decido yo puta no te parece?
Asentí una vez más con la cabeza, y rogaba por dentro que se digne a cojerme, o algo.
- Rogame putita, rogame por pija.
- Cojeme por favor…
- ¿Cómo? No te escuché.
- ¡Cojeme por favor! Cojeme.
Yo hoy no te cojo trola. Hoy veo lo puta que sos. Casi ni se me para la pija por vos hoy.
Una vez más, me sentí humillada y avergonzada, pero la excitación era mayor. Estaba chorreando. En ese momento siento unas manos que me toman por detrás, y un empujón violento. Alguien me empezó a cojer muy fuerte, como perro. Rápido y fuerte. Yo gemía como loca, estaba tan caliente, desesperada por pija, y al fin estaba siendo cojida.
Se me aflojaron los brazos de la calentura, quedé con el culo parado y sentía una enorme pija entrar y salir con una velocidad increíble. Mis gritos estaban descontrolados. Él me puso su mano en la boca y me ordenó que me aguante los gritos, pero no pude hacerlo. De pronto el que estaba a mis espaldas se corrió. Creí que me moría, quería que siga. Él me dijo que si no me podía callar me iba a callar a la fuerza. Me puso su pija en la boca y el otro tipo empezó a cojerme de nuevo, cada vez más fuerte y profundo. Sentí que me rompía.
- Dale un poco vos – le dice él al tercero, que supongo estaba mirando la escena – A ver si se empieza a acostumbrar a una pija que no es la mía la trola.
Siento que sale la pija que estaba adentro mío e inmediatamente entra la otra. En mi boca seguía él, agarrándome de los pelos para que se la chupe como a él le gusta, cojiéndome la boca con su pija.
- Sos una pajera, mirá cómo estás.
Él me seguía humillando, cada vez que me hablaba así su pija se ponía más dura, y yo me mojaba aun más.
- ¿No vas a acabar con otras pijas no putita? ¿Eso lo tenés claro? Te vas a aguantar hasta recibir la mía, si es que hoy te la quiero dar.
La idea de acabar con su pija era lo que más me gustaba, pero la idea de que no me la de pronto me desconcertaba completamente.
Luego de decirme eso me saca su pija de la boca. Y siento que el que estaba atrás mío se corre. Él me empezó a sacudir su pija en la cola, me puse tensa de sólo pensar que me la iba a meter por atrás. No quería.
Los otros dos me ponen sus pijas en la boca, y siento su pija entrar por mi culo de la forma más violenta que nunca, me moría de dolor, gritaba con todas mis fuerzas pero él me sostenía de atrás, y los otros dos de adelante, y tapaban mis gritos con sus pijas.
- Dale puta abrime el culito. Este culo es mío y puedo hacer con él lo que quiera.
Era cierto, pese al dolor y a los gritos dejé que entre y me entregué a su pija. Al rato ya dolía menos, y la calentura cada vez era mayor. No podía pensar en nada, quería leche, quería acabar, quería ser su puta para siempre.
Con sus dedos me tocaba el clítoris, yo estaba cada vez más cerca y sentía que él también. La pija se le hinchaba cada vez más adentro de mi culo. De tanto en tanto me daba unos golpes para que no lo baje, yo me daba cuenta y volvía a pararlo para él.
Las pijas en mi boca estaban también cada vez más hinchadas. Empecé a gemir cada vez más fuerte. Ya no entendía nada, no estaba ahí, no estaba en ningún lado. Mi respiración se aceleraba y se hacía una con la suya. Sentía su mano clavada en mi cintura y la otra tomándome del pelo. Me estaba cojiendo como nunca antes me había cojido jamás. Explotó uno de ellos en mis tetas, sentí el calor de su leche recorrerme, instantáneamente el otro acabó en mi cintura. No pude contenerme más y tuve el orgasmo más fuerte de toda mi vida, justo cuando sentí toda su leche hirviendo dentro de mi culo. Mucha, muy caliente, llenándome por completo. No podía parar de gritarle, irónicamente, en ese momento sólo estábamos nosotros dos, con dos pijas más en el cuarto. Y me sentí más cerca de él que nunca.
Luego de eso quedé desmayada en el piso, sin poder moverme. A los pocos minutos él se acercó a mí y me sacó la venda de los ojos. – Hola putita - me dijo – Bienvenida de regreso.

Fantasías I

3 de agosto de 2010


Él me pidió que me pare y se quedó mirándome, como investigando mi cuerpo, atento a mis gestos y movimientos. Hasta ese momento habíamos estado hablando tranquilos, tomando algo, con el juego de miradas de siempre, pero nada más.
Su mirada me inquietó bastante, era desconocida, desafiante. Con un tono imperativo me pidió que termine el trago. Lo hice, al parecer no tenía opción. Mi respiración se aceleraba cada vez más. Al dejar el vaso en la mesa él se acercó por atrás y me vendó los ojos. Yo no podía moverme. Al sentir cómo él anudaba el pañuelo un calor recorrió todo mi cuerpo, las piernas empezaron a temblarme.
- Al piso putita, en cuatro patas – me dijo.
Obedecí como si hubiera recibido órdenes suyas desde siempre. Todas las dudas se esfumaban de mi mente por la calentura que me hacía sentir su forma de hablar y su presencia. Ya estaba mojada.
Pasó un rato y nada, escuchaba solamente sus pasos por el cuarto. Quería preguntar, moverme, sacarme la venda, o algo… pero sabía que no debía hacerlo. Me quedé en cuatro patas en el piso, sin hacer nada. Pero mi cabeza empezó a funcionar nuevamente.
Suena el timbre.
- ¿Que pasa perrita? Estás temblando… tranquila.
Él se acerca a acariciarme la cabeza. Vuelvo a sentirme un poco mejor, entre excitada y cuidada, tranquila, y con mucha adrenalina a la vez. Escucho sus pasos hacia la puerta.
Cuando se abre escucho otros pasos, no estoy segura si son de una o más personas.
Siento a alguien acercarse, es él, al oído me dice: - Las perras no tienen ropa, cierto? Quiero que te pares, que te desnudes y que vuelvas a tu posición, entendido?
Asentí con la cabeza, como si no tuviera miedo de nada, e hice todo lo que me ordenó. Me paré tratando de que no se note el temblor, me saqué la ropa lentamente y volví a mi posición anterior.
- Levantá ese culo putita, dale. No te hagas la tímida conmigo. Sé que te gusta estar así para mí.
Separé un poco más las rodillas y quebré la cintura, dejando mi culo bien parado. En ese instante sentí una mano en el interior de mis piernas, caliente, grande, no era su mano...
- Portate bien perrita, haceme quedar bien. – Me dijo al oído él mientras otra mano me recorría.
Cuando termina de decirme esto siento otra mano más por la espalda y otra en el cuello. Empecé a darme cuenta de que había mínimamente dos personas más en la habitación.
Me empecé a mojar, a chorrear… Siento su mano en mi concha, me lleva sus dedos mojados a la boca y me dice que esa es la prueba de lo puta que soy. Me ordena que le limpie todos los dedos con mi lengua. Mientras tanto las otras manos me recorrían, cada vez más frenéticamente todo el cuerpo. Empecé a sentir vergüenza por estar tan excitada, con hombres que no conocía, que ni siquiera estaba viendo. Pero la calentura era mayor, y no podía disimularla. Empecé a desear que hagan más, y al parecer el estaba en mi mente.
- Yo sé que querés pija perra, pero todavía no te la merecés. No estás ni cerca. Vas a tener que ganártela. Olés?
Siento el olor de su pija cerca. Me estaba muriendo de calentura y empecé a buscarla con mi boca, desesperada. La quería. La necesitaba.
- Así te quiero ver trola, desesperada por mi pija, vení a buscarla.
Tuve que gatear unos metros para encontrarla, y cuando lo hice la chupé como si fuera la cosa más rica del mundo. No podía ni quería parar de hacerlo. Luego de un rato siento en la boca otra pija, y la esquivo. Quería sólo la suya, la que me era familiar. Recibí un fuerte cachetazo. – Puta no estás en condiciones de decir que no hoy, está claro? Vas a tomar todo lo que se te de, y vas a agradecer por eso.

Continuará...

Luz

12 de julio de 2010
Me llevas lentamente hasta donde me querés, y si bien yo me voy dando cuenta de tus intenciones no puedo hacer otra cosa que seguirte el juego. Eso es maestría, cuando te das cuenta de lo que el otro va a hacer, pero no podés hacer nada para evitarlo. Llegamos a tu espacio, ordenado, prolijo. Me seguís hablando hasta que te das cuenta de que ya estoy en tu red, sólo resta que claves tus colmillos en mi cuello. Y es exactamente lo que hacés. Mi coraza tiembla, y mis piernas, todo mi orden inmutable ya no tiene razón de ser en este espacio, se desarma mi rodete apretado dejando caer el largo cabello oscuro sobre mi espalda, se resbala toda mi ropa hasta desparramarse en el piso, excepto mis tacos, ellos siempre van conmigo. Ya estoy desnuda y vos aun traés el abrigo. Por un segundo contenemos la respiración y detenemos el movimiento, es la calma antes de la tormenta. Me das vuelta, quedo de espaldas a vos con la cara contra la pared y mi culo parado, con una mano me llevás las dos muñecas sobre mi cabeza y con la otra me tocás entre mis piernas, con violencia. Escuchás mis gemidos, frotás mi clítoris y me cojés con un dedo, empapado de mí. Aún queda algo de mi soberbia, en mis tacos, en mi porte, pero vos seguís empeñado en quebrarme, en dejarme echada en la cama sin fuerzas para mis protocolos, sin razón para ser correcta. Camino unos pasos hasta la cama, ves mis pasos contenidos, equilibrados sobre esos interminables tacos de metal. Te enfurece al punto de empujarme con furia y empezar a cojerme sin medida. Yo me voy perdiendo… cada vez más, siento que ya no soy dueña de mí, ya no puedo controlar mis acciones, me entrego a tu pija, a tu mente morbosa, no me queda otra opción que rendirme a vos. Estoy, de nuevo, exactamente donde me querés. Deshecha en tu cama, enredada en tus sábanas blancas. Cuando pensé que todo había terminado, te sentás a mi lado y con dulzura me sacás los tacos. Triunfante. Sin esfuerzo. Con la confianza y la seguridad de quien ya ganó la batalla. Te miro y se que te amo, en ese mismo momento, se que te amo.

Uno no va hacia el amor, uno cae en el amor. Y para caer en el amor tenemos que enfrentarnos al vacío, tomar coraje y dejarnos caer.

Intriga

4 de julio de 2010
Me intriga saber quién va a terminar arriba de quién, es curioso como eso no puede saberse hasta que se sabe. Y debo confesar; en mi interior ruego con que me puedas, con que el sólo contacto de tu mano en mi piel me haga caer de rodillas. Pero la realidad es que eso sólo ha ocurrido en contadas ocasiones, extrañas y dichosas ocasiones… El resto de las veces mi deseo se ha impuesto como el soberano, y mi desprecio terminó acabando con todo.
En momentos como estos (más allá del lugar que nos toque) se siente todo; la calentura, la prisa, el goce, el miedo. En estos instantes es donde podemos conocer verdaderamente a quien tenemos en frente, al lado, arriba o abajo. Aunque parezca mentira, es casi sólo en este lapso de tiempo en donde logro abrirme sin peros, se abren mis piernas, mi mente se detiene y mi corazón se enciende. Voy a enamorarme de vos mientras me puedas, voy a desarmarme en tus brazos para que mi cuerpo tome la forma de tu movimiento, voy a dejar todo porque ahora ya no soy yo, soy el momento. Y voy a amarte tan puramente que parecerá un sueño. Todo será luz…
Pero si las cosas salen distinto y logro poner un pie sobre vos, mi orgullo no cesará hasta verte humillado, menospreciado y completamente entregado. Luego de eso perderé el interés y posiblemente no volvamos a vernos. A no ser que esté aburrida y necesite un juguete. Y entonces todo será sombra…

Instinto

27 de junio de 2010
Me percibís extrañamente calmada y en orden, inmutable. Cada movimiento que ves en mí empieza y termina con toda su ceremonia. No me altero por los estímulos del afuera, la gente habla, camina, grita…y ves como nada de eso modifica mi semblante. Una segunda mirada, inquisidora, percibe algo nuevo. Tus ojos, guiados por tu curiosidad, comienzan a romper el velo de mi expresión y creen encontrar algo. Deseo. Latiendo desde lo más profundo, bordeado de mi piel, retenido por las facciones de mi rostro y mi cabello severamente sujetado en un rodete perfecto. Un deseo que ha logrado un equilibrio para mantenerse justo al filo del abismo. Sujetado por mi collar, mis aros y mis pulseras. Un deseo al que quizás un estímulo oportuno podría hacerle perder aquel balance y desatar así, quien sabe con que consecuencias, un volcán de furia infinita.
Te preguntas si lo que ves es real o si es una proyección de tu propio deseo. ¿Habrá verdaderamente alcanzado esa mujer la paz absoluta, o es que encierra una violencia tal que ha preferido mantener reservada? Y si así fuera ¿qué podría suceder si aquella violencia se desatara?
Mientras tejés estas dudas me seguís observando, me medís, me tanteás con el objetivo de conocerme. Yo sigo inmutable, inmóvil, soberbia, y comienzo a sentir tu propio deseo, latiendo, creciendo, tu deseo de romper todo lo correcto que hay en mí y darlo vuelta mil veces. El caprichoso deseo de corromperme, simplemente por el hecho de no soportar ni un segundo más mi carácter sublime. Te percibo y me sonrío, un poco porque me divierte tu empeño, otro poco porque encontré con quien jugar mi juego. Estabas en lo cierto. Por dentro mi deseo me desborda, mi instinto se filtra por mis poros, por mis ojos y mi boca. Mi violencia está amarrada con lazos de seda a mi cuerpo, y el más mínimo roce lograría desatarla.

Descendimos nuevamente

27 de mayo de 2010
Descendimos nuevamente a ese lugar. Oscuro, lleno de gente extraña con el rostro desfigurado de placer y morbo. Escucho gemidos, veo cuerpos desnudos y semidesnudos, percibo en el aire el olor a sexo, intenso, que me atrae… Voy pasando por cuartos donde se confunden las piernas, con las manos, con los cuerpos. No me importa quienes son, si son lindos o no, si son grandes o no. Sólo agradezco a la oscuridad, que es fundamental para poder entregarme sin dudar.
De su mano, como siempre, me aventuro en los pasillos laberínticos de este paraíso infernal y me voy perdiendo… Él nunca me suelta, algo de miedo, algo de duda, y esa tendencia a querer hacerme sentir suya siempre. Yo no lo suelto, pero tampoco lo miro, lo percibo detrás de mí y lo invito a jugar conmigo.
Finalmente nos detenemos, y con mi mirada le ruego que me deje hacer. Bajo lentamente a descubrirlo para llevarlo a mi boca. Curiosos observan, y él se va excitando cada vez más, y aunque trata de no ser tan evidente, yo puedo sentirlo. Cada tanto me frena, para que no lo haga acabar.

Y nuevamente, en medio del infierno, me siento perfecta.

Me toca, sus manos son la gloria, lo recuerdo. Le regalo un orgasmo porque me lo pide, a él y a todos los que observan. Me gusta acabar parada, puedo sentir como la energía de mi centro baja a mis raíces y me ancla. Quiero seguir, pero él se levanta y me lleva a su cama. Al llegar nos acurrucamos, yo con ganas de más, y él pensando que lo que me da nunca es suficiente.

Me gusta cuando...

8 de mayo de 2010
... me pregunta en que pienso cuando me masturbo.
Cuando me obliga a responder, y cuando no me cree que pienso siempre en él… o casi siempre.

Y, sí

24 de abril de 2010
Es increíble las cosas que se llegan a soportar por un excelente sexo.

Vértigo

19 de abril de 2010
Llegó el día en que Él me entregó a otro. La noche empezó paseando un rato en auto, yo adelante con el tercero, Él desde atrás diciéndome lo que tenía que hacer. Cuando llegamos a casa Él me ordenó que me saque toda la ropa excepto la tanga y que los espere en el cuarto. Hasta ese momento yo estaba tan excitada que no podía pensar. Luego de un rato entraron ambos, el tercero desnudo, se acercó a mí inmediatamente. Él se sentó a un lado y se dispuso a observar la escena, tranquilo. Dejó que el tercero haga y deshaga a su antojo... yo sólo quería desaparecer, volver el tiempo atrás y estar con Él. De tanto en tanto buscaba sus ojos, y lo único que recibía era una mirada pacífica, inmutable. Él me estaba regalando un juego, y yo sólo quería que todo acabe para regresar a sus pies.
La noche terminó conmigo hecha un bollito a su lado. Ninguno acabó, excepto el tercero.
Al otro día le rogué que me coja, sentía un volcán en mi vientre. Yo estaba tan excitada y a la vez confundida que no podía concentrarme bien, se dio cuenta y me empezó a cojer con bronca. Es indescriptible lo que siento, es Amor. No es por la bronca, es porque me hace suya cuando quiere.
Lo amo cuando me coje así, cuando me entrega porque sabe que soy suya, y no duda en que voy a regresar a Él cada vez. Quiero estar rendida a sus pies y sólo a los suyos, con los ojos cerrados y el corazón abierto. Rendida, entregada, enamorada, siento que no quiero ser de nadie mas que suya. Nada de lo que siento con Él es razonable. Nada.

Juego x 3

13 de abril de 2010
Me pongo el conjunto nuevo, para cambiarle la connotación, y le agrego ligas negras de red. Él hace los tragos y saca la correa, con voz suave y firme me ordena que vaya a buscar hielo para los tragos, gateando. Me doy cuenta que gatear me excita de una forma incomprensible...
Al regresar me acomodo en mi cucha, disfruto en ese momento del silencio más absoluto, de la calma de estar a sus pies, de la promesa latente de una noche lúdica, algo perversa e inolvidable.

Suena el timbre. La persona que esperábamos está del otro lado. Respiro hondo y cierro los ojos. Siento algo de nervios, pero el deseo de jugar es mucho mayor, y los nervios desaparecen cuando la puerta se abre. Ahora soy una niña en una juguetería, o parecido.

Y mientras se adentra la noche voy descubriendo una nueva forma de meditar además de la danza...

Equilibrio

27 de septiembre de 2009
Buscamos un equilibrio entre el sexo y el amor,
y es tan difícil.

Abro mis piernas y mi corazón, tratando de encontrar la simertía.

Él me mira y no distingo si es lujuria o es amor.
O si son ambas.

Primero fue obsesión, para los dos.
Ahora es algo nuevo, sin palabras.

Lo valioso es el camino, y en él estamos.
Buscando el equilibrio,
cayendo y levantándonos cada vez.

Enojo

20 de septiembre de 2009
A veces pienso si podré volver a excitarme sin sentirme sometida.
Ayer escuché a alguien decir "el gusto por los placeres anormales nos hace perder el gusto por los placeres normales".

Me rebelo para que me retes y tengas una excusa para golpearme.
Te miro desde abajo y te ruego que me penetres.

Me ignoras por un rato, estás enojado conmigo.
Cansado de tener razón otra vez, y de ver que no aprendo.

Piensas seriamente si dejarme sin sexo durante un tiempo.
Pero yo vuelvo a rogarte, una vez más.

Te apiadas de mí, con una mano en mi cuello y la otra dentro mío
me clavas la mirada y te alzas sobre mí. Imponente.

Me quedo quieta y tiemblo, de temor y calentura.

Cuando te siento dentro me siento completa.
Gratitud, alegría, sosiego.
Sigo tus órdenes paso a paso, porque estoy en deuda contigo.
Quiero ser perfecta para vos, aunque sea en ese breve momento.

En ese momento, quiero ser lo que vos quieras que yo sea.
Intuyo, adivino, y me muevo a tu ritmo.

Me siento hermosa, entregada, sometida, libre.

Pierdo la conciencia y me convierto en puro instinto.

Gateando

18 de septiembre de 2009
Quiero llegar a vos gateando, caliente.
Oler tu pija y sentirme como en casa.

Sentir el amor de tus azotes, tus manos sobre mí,
ahorcándome, tocándome, limitándome.

Rogar que me cojas,
y ver tu disfrute por negarme el placer.

Sentirme vacía hasta tener tu pija en mí,
y en ese momento sentirme completa.

Quiero mi correa,
que me recuerda quien está a cargo de quién.

Bajo los ojos y me agacho. Espero por vos.
Me siento pequeña, diminuta.

Esta noche deseo ser tuya,
¡y mañana parece tanto tiempo!

Ella

4 de septiembre de 2009
Parecida. Un pasado similar, y un presente compartido.
Una diferencia: el collar.

Es el destino, seguramente, tantas causalidades.
La dejo hablar, deja que le cuente. Nos miramos.

Me quiero sacar una duda, me acerco...
Me recibe tímida y entregada, espera que le marquen.
Pero se mueve porque siente que tiene que hacerlo,
hasta que la inmovilicen para que sepa cuál es su lugar.

Puedo hacerlo, quiero hacerlo.
Comprobaré si es tan puta, y si me excita tanto.

Me corre la boca, se por qué lo hace. Me río.
Es el inicio de un vínculo, quién sabe cómo, quién sabe adonde.

Se sube al auto y se aleja.

Fue un hasta luego...