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La virgen del pecado

4 de mayo de 2011

La virgen del pecado, la novia de la flor de la saliva, el sexo con amor de los casados.
Dueña de un corazón, tan cinco estrellas, que hasta el hijo de un Dios, una vez que la vio,
se fue con ella.Y nunca le cobró, la Magdalena.
Si estás más solo que la luna, déjate convencer, brindando a mi salud, con una que yo me sé.
Y, cuando suban las bebidas, el doble de lo que te pida dale por sus favores, que, en casa de María de Magdala, las malas compañías son las mejores.
Si llevas grasa en la guantera un alma que perder, aparca, junto a sus caderas de leche y miel.
Entre dos curvas redentoras la más prohibida de las frutas te espera hasta la aurora,
la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras.
Con ese corazón, tan cinco estrellas, que, hasta el hijo de un Dios, una vez que la vio, se fue con ella,
Y nunca le cobró, la Magdalena.

Una canción para la Magdalena - Joaquín Sabina.

La Rendición I

2 de diciembre de 2010
Una vez amé tanto a un hombre que dejé de existir: él lo era todo; yo, nada.
Alguien tiene que estar encima, alguien debajo. Uno al lado del otro es un aburrimiento. La igualdad niega el proceso, impide la acción. Pero estando uno encima y el otro debajo, se puede ir a la luna y volver antes de que dos iguales pacten quiébn paga, quién se folla a quién y quién es el culpable.
Sin embargo, en mi transformación no pasé de abajo arriba, sino de abajo abajo: de mi deplorable sumisión empcional a mi bendita sumisión sexual.

Extracto de "La Rendición", de Toni Bentley

Fantasías II

4 de agosto de 2010
A partir de ese momento el no quedó fuera de discusión. Asentí con la cabeza y metí esa pija desconocida a mi boca. Luego fue otra. Me estaba muriendo de ganas de que alguien me coja, no podía más. Pero tuve que chupar alternadamente las pijas durante un rato, mientras las manos de ya no se quien me recorrían todo el cuerpo. Cuando pasaban por mi concha deseaba que entren, pero nada. Me estaban matando. Creí que podía morir de placer ahí mismo. Necesitaba que me penetren. Empecé a gemir más fuerte y a acelerar la respiración.
- ¿Qué pasa putita? ¡Estás caliente!
- Si, muy caliente – respondo, apenas podía articular palabra – Quiero que me cojan.
- Eso lo decido yo puta no te parece?
Asentí una vez más con la cabeza, y rogaba por dentro que se digne a cojerme, o algo.
- Rogame putita, rogame por pija.
- Cojeme por favor…
- ¿Cómo? No te escuché.
- ¡Cojeme por favor! Cojeme.
Yo hoy no te cojo trola. Hoy veo lo puta que sos. Casi ni se me para la pija por vos hoy.
Una vez más, me sentí humillada y avergonzada, pero la excitación era mayor. Estaba chorreando. En ese momento siento unas manos que me toman por detrás, y un empujón violento. Alguien me empezó a cojer muy fuerte, como perro. Rápido y fuerte. Yo gemía como loca, estaba tan caliente, desesperada por pija, y al fin estaba siendo cojida.
Se me aflojaron los brazos de la calentura, quedé con el culo parado y sentía una enorme pija entrar y salir con una velocidad increíble. Mis gritos estaban descontrolados. Él me puso su mano en la boca y me ordenó que me aguante los gritos, pero no pude hacerlo. De pronto el que estaba a mis espaldas se corrió. Creí que me moría, quería que siga. Él me dijo que si no me podía callar me iba a callar a la fuerza. Me puso su pija en la boca y el otro tipo empezó a cojerme de nuevo, cada vez más fuerte y profundo. Sentí que me rompía.
- Dale un poco vos – le dice él al tercero, que supongo estaba mirando la escena – A ver si se empieza a acostumbrar a una pija que no es la mía la trola.
Siento que sale la pija que estaba adentro mío e inmediatamente entra la otra. En mi boca seguía él, agarrándome de los pelos para que se la chupe como a él le gusta, cojiéndome la boca con su pija.
- Sos una pajera, mirá cómo estás.
Él me seguía humillando, cada vez que me hablaba así su pija se ponía más dura, y yo me mojaba aun más.
- ¿No vas a acabar con otras pijas no putita? ¿Eso lo tenés claro? Te vas a aguantar hasta recibir la mía, si es que hoy te la quiero dar.
La idea de acabar con su pija era lo que más me gustaba, pero la idea de que no me la de pronto me desconcertaba completamente.
Luego de decirme eso me saca su pija de la boca. Y siento que el que estaba atrás mío se corre. Él me empezó a sacudir su pija en la cola, me puse tensa de sólo pensar que me la iba a meter por atrás. No quería.
Los otros dos me ponen sus pijas en la boca, y siento su pija entrar por mi culo de la forma más violenta que nunca, me moría de dolor, gritaba con todas mis fuerzas pero él me sostenía de atrás, y los otros dos de adelante, y tapaban mis gritos con sus pijas.
- Dale puta abrime el culito. Este culo es mío y puedo hacer con él lo que quiera.
Era cierto, pese al dolor y a los gritos dejé que entre y me entregué a su pija. Al rato ya dolía menos, y la calentura cada vez era mayor. No podía pensar en nada, quería leche, quería acabar, quería ser su puta para siempre.
Con sus dedos me tocaba el clítoris, yo estaba cada vez más cerca y sentía que él también. La pija se le hinchaba cada vez más adentro de mi culo. De tanto en tanto me daba unos golpes para que no lo baje, yo me daba cuenta y volvía a pararlo para él.
Las pijas en mi boca estaban también cada vez más hinchadas. Empecé a gemir cada vez más fuerte. Ya no entendía nada, no estaba ahí, no estaba en ningún lado. Mi respiración se aceleraba y se hacía una con la suya. Sentía su mano clavada en mi cintura y la otra tomándome del pelo. Me estaba cojiendo como nunca antes me había cojido jamás. Explotó uno de ellos en mis tetas, sentí el calor de su leche recorrerme, instantáneamente el otro acabó en mi cintura. No pude contenerme más y tuve el orgasmo más fuerte de toda mi vida, justo cuando sentí toda su leche hirviendo dentro de mi culo. Mucha, muy caliente, llenándome por completo. No podía parar de gritarle, irónicamente, en ese momento sólo estábamos nosotros dos, con dos pijas más en el cuarto. Y me sentí más cerca de él que nunca.
Luego de eso quedé desmayada en el piso, sin poder moverme. A los pocos minutos él se acercó a mí y me sacó la venda de los ojos. – Hola putita - me dijo – Bienvenida de regreso.

Fantasías I

3 de agosto de 2010


Él me pidió que me pare y se quedó mirándome, como investigando mi cuerpo, atento a mis gestos y movimientos. Hasta ese momento habíamos estado hablando tranquilos, tomando algo, con el juego de miradas de siempre, pero nada más.
Su mirada me inquietó bastante, era desconocida, desafiante. Con un tono imperativo me pidió que termine el trago. Lo hice, al parecer no tenía opción. Mi respiración se aceleraba cada vez más. Al dejar el vaso en la mesa él se acercó por atrás y me vendó los ojos. Yo no podía moverme. Al sentir cómo él anudaba el pañuelo un calor recorrió todo mi cuerpo, las piernas empezaron a temblarme.
- Al piso putita, en cuatro patas – me dijo.
Obedecí como si hubiera recibido órdenes suyas desde siempre. Todas las dudas se esfumaban de mi mente por la calentura que me hacía sentir su forma de hablar y su presencia. Ya estaba mojada.
Pasó un rato y nada, escuchaba solamente sus pasos por el cuarto. Quería preguntar, moverme, sacarme la venda, o algo… pero sabía que no debía hacerlo. Me quedé en cuatro patas en el piso, sin hacer nada. Pero mi cabeza empezó a funcionar nuevamente.
Suena el timbre.
- ¿Que pasa perrita? Estás temblando… tranquila.
Él se acerca a acariciarme la cabeza. Vuelvo a sentirme un poco mejor, entre excitada y cuidada, tranquila, y con mucha adrenalina a la vez. Escucho sus pasos hacia la puerta.
Cuando se abre escucho otros pasos, no estoy segura si son de una o más personas.
Siento a alguien acercarse, es él, al oído me dice: - Las perras no tienen ropa, cierto? Quiero que te pares, que te desnudes y que vuelvas a tu posición, entendido?
Asentí con la cabeza, como si no tuviera miedo de nada, e hice todo lo que me ordenó. Me paré tratando de que no se note el temblor, me saqué la ropa lentamente y volví a mi posición anterior.
- Levantá ese culo putita, dale. No te hagas la tímida conmigo. Sé que te gusta estar así para mí.
Separé un poco más las rodillas y quebré la cintura, dejando mi culo bien parado. En ese instante sentí una mano en el interior de mis piernas, caliente, grande, no era su mano...
- Portate bien perrita, haceme quedar bien. – Me dijo al oído él mientras otra mano me recorría.
Cuando termina de decirme esto siento otra mano más por la espalda y otra en el cuello. Empecé a darme cuenta de que había mínimamente dos personas más en la habitación.
Me empecé a mojar, a chorrear… Siento su mano en mi concha, me lleva sus dedos mojados a la boca y me dice que esa es la prueba de lo puta que soy. Me ordena que le limpie todos los dedos con mi lengua. Mientras tanto las otras manos me recorrían, cada vez más frenéticamente todo el cuerpo. Empecé a sentir vergüenza por estar tan excitada, con hombres que no conocía, que ni siquiera estaba viendo. Pero la calentura era mayor, y no podía disimularla. Empecé a desear que hagan más, y al parecer el estaba en mi mente.
- Yo sé que querés pija perra, pero todavía no te la merecés. No estás ni cerca. Vas a tener que ganártela. Olés?
Siento el olor de su pija cerca. Me estaba muriendo de calentura y empecé a buscarla con mi boca, desesperada. La quería. La necesitaba.
- Así te quiero ver trola, desesperada por mi pija, vení a buscarla.
Tuve que gatear unos metros para encontrarla, y cuando lo hice la chupé como si fuera la cosa más rica del mundo. No podía ni quería parar de hacerlo. Luego de un rato siento en la boca otra pija, y la esquivo. Quería sólo la suya, la que me era familiar. Recibí un fuerte cachetazo. – Puta no estás en condiciones de decir que no hoy, está claro? Vas a tomar todo lo que se te de, y vas a agradecer por eso.

Continuará...

Dilema

23 de julio de 2010
"Mi dilema consiste en unir los dos polos de la vida, en transcribir esas dos voces en la melodía de la vida."

Herman Hesse

La venus de las pieles IV

20 de julio de 2010
– Yo aprecio únicamente a las mujeres virtuosas o a las que se entregan abiertamente a los placeres de la vida.
– Como yo -ha replicado Wanda bromeando- ¿Pero es que no ves que la mujer sólo puede hacer eso en muy contadas ocasiones? La mujer no puede ser ni tan jovialmente sensual ni tan espiritualmente libre como el varón; el amor de la mujer es siempre un estado mixto de sensualidad y de inclinación espiritual. Su corazón aspira a encadenar duraderamente a un varón, mientras ella misma está sujeta a cambios. Y así se introduce en su hacer y en su ser, casi siempre contra su voluntad, una discrepancia, se introducen la mentira y el engaño. Y esas cosas estropean su carácter.

Luz

12 de julio de 2010
Me llevas lentamente hasta donde me querés, y si bien yo me voy dando cuenta de tus intenciones no puedo hacer otra cosa que seguirte el juego. Eso es maestría, cuando te das cuenta de lo que el otro va a hacer, pero no podés hacer nada para evitarlo. Llegamos a tu espacio, ordenado, prolijo. Me seguís hablando hasta que te das cuenta de que ya estoy en tu red, sólo resta que claves tus colmillos en mi cuello. Y es exactamente lo que hacés. Mi coraza tiembla, y mis piernas, todo mi orden inmutable ya no tiene razón de ser en este espacio, se desarma mi rodete apretado dejando caer el largo cabello oscuro sobre mi espalda, se resbala toda mi ropa hasta desparramarse en el piso, excepto mis tacos, ellos siempre van conmigo. Ya estoy desnuda y vos aun traés el abrigo. Por un segundo contenemos la respiración y detenemos el movimiento, es la calma antes de la tormenta. Me das vuelta, quedo de espaldas a vos con la cara contra la pared y mi culo parado, con una mano me llevás las dos muñecas sobre mi cabeza y con la otra me tocás entre mis piernas, con violencia. Escuchás mis gemidos, frotás mi clítoris y me cojés con un dedo, empapado de mí. Aún queda algo de mi soberbia, en mis tacos, en mi porte, pero vos seguís empeñado en quebrarme, en dejarme echada en la cama sin fuerzas para mis protocolos, sin razón para ser correcta. Camino unos pasos hasta la cama, ves mis pasos contenidos, equilibrados sobre esos interminables tacos de metal. Te enfurece al punto de empujarme con furia y empezar a cojerme sin medida. Yo me voy perdiendo… cada vez más, siento que ya no soy dueña de mí, ya no puedo controlar mis acciones, me entrego a tu pija, a tu mente morbosa, no me queda otra opción que rendirme a vos. Estoy, de nuevo, exactamente donde me querés. Deshecha en tu cama, enredada en tus sábanas blancas. Cuando pensé que todo había terminado, te sentás a mi lado y con dulzura me sacás los tacos. Triunfante. Sin esfuerzo. Con la confianza y la seguridad de quien ya ganó la batalla. Te miro y se que te amo, en ese mismo momento, se que te amo.

Uno no va hacia el amor, uno cae en el amor. Y para caer en el amor tenemos que enfrentarnos al vacío, tomar coraje y dejarnos caer.

Intriga

4 de julio de 2010
Me intriga saber quién va a terminar arriba de quién, es curioso como eso no puede saberse hasta que se sabe. Y debo confesar; en mi interior ruego con que me puedas, con que el sólo contacto de tu mano en mi piel me haga caer de rodillas. Pero la realidad es que eso sólo ha ocurrido en contadas ocasiones, extrañas y dichosas ocasiones… El resto de las veces mi deseo se ha impuesto como el soberano, y mi desprecio terminó acabando con todo.
En momentos como estos (más allá del lugar que nos toque) se siente todo; la calentura, la prisa, el goce, el miedo. En estos instantes es donde podemos conocer verdaderamente a quien tenemos en frente, al lado, arriba o abajo. Aunque parezca mentira, es casi sólo en este lapso de tiempo en donde logro abrirme sin peros, se abren mis piernas, mi mente se detiene y mi corazón se enciende. Voy a enamorarme de vos mientras me puedas, voy a desarmarme en tus brazos para que mi cuerpo tome la forma de tu movimiento, voy a dejar todo porque ahora ya no soy yo, soy el momento. Y voy a amarte tan puramente que parecerá un sueño. Todo será luz…
Pero si las cosas salen distinto y logro poner un pie sobre vos, mi orgullo no cesará hasta verte humillado, menospreciado y completamente entregado. Luego de eso perderé el interés y posiblemente no volvamos a vernos. A no ser que esté aburrida y necesite un juguete. Y entonces todo será sombra…

Instinto

27 de junio de 2010
Me percibís extrañamente calmada y en orden, inmutable. Cada movimiento que ves en mí empieza y termina con toda su ceremonia. No me altero por los estímulos del afuera, la gente habla, camina, grita…y ves como nada de eso modifica mi semblante. Una segunda mirada, inquisidora, percibe algo nuevo. Tus ojos, guiados por tu curiosidad, comienzan a romper el velo de mi expresión y creen encontrar algo. Deseo. Latiendo desde lo más profundo, bordeado de mi piel, retenido por las facciones de mi rostro y mi cabello severamente sujetado en un rodete perfecto. Un deseo que ha logrado un equilibrio para mantenerse justo al filo del abismo. Sujetado por mi collar, mis aros y mis pulseras. Un deseo al que quizás un estímulo oportuno podría hacerle perder aquel balance y desatar así, quien sabe con que consecuencias, un volcán de furia infinita.
Te preguntas si lo que ves es real o si es una proyección de tu propio deseo. ¿Habrá verdaderamente alcanzado esa mujer la paz absoluta, o es que encierra una violencia tal que ha preferido mantener reservada? Y si así fuera ¿qué podría suceder si aquella violencia se desatara?
Mientras tejés estas dudas me seguís observando, me medís, me tanteás con el objetivo de conocerme. Yo sigo inmutable, inmóvil, soberbia, y comienzo a sentir tu propio deseo, latiendo, creciendo, tu deseo de romper todo lo correcto que hay en mí y darlo vuelta mil veces. El caprichoso deseo de corromperme, simplemente por el hecho de no soportar ni un segundo más mi carácter sublime. Te percibo y me sonrío, un poco porque me divierte tu empeño, otro poco porque encontré con quien jugar mi juego. Estabas en lo cierto. Por dentro mi deseo me desborda, mi instinto se filtra por mis poros, por mis ojos y mi boca. Mi violencia está amarrada con lazos de seda a mi cuerpo, y el más mínimo roce lograría desatarla.

Un pacto

31 de mayo de 2010
Un pacto para vivir,
odiandonos sol a sol,
revolviendo mas
en los restos de un amor,
con un camino recto a la desesperación,
desenlace de un cuento de terror.

Seis años así
escapando a un mismo lugar
con mi fantasía,
buscando otro cuerpo,
otra voz,
fui consumiendo infiernos
para salir de vos,
intoxicado, loco y sin humor...

Si hoy te tuviera aquí
cuando hago esta canción
me sentiría raro.
No tengo sueño,
mi panza vibra,
tuve un golpe energético,
milagro y resurrección,
y eso que estaba tieso
bajo control.

El poder siempre mata,
si para tenerte aqui
habría que maltratarte
no puedo hacerlo,
sos mi Dios,
te veo me sonrojo y tiemblo.
Que idiota te hace el amor,
y hoy quiero darle rienda
a esta superstición.

Un pacto para vivir,
un pacto para vivir,
un pacto para vivir...

"Un pacto" - La Bersuit

La Venus de las Pieles III

17 de mayo de 2010
– Preferimos una pobre pálida doncella como las pintadas de Holbein, pero que nos pertenezca en exclusiva, a una Venus de la Antigüedad, por muy divinamente bella que sea, pero que hoy ama a Anquises, mañana a Paris y pasado mañana a Adonis. Y cuando en nosotros triunfa la naturaleza, cuando nos entregamos con ardiente pasión a semejante mujer, sus gozosas ganas de vivir se nos aparecen como algo diabólico, cruel, y vemos en nuestra ventura un pecado que tenemos que expiar.

– O sea, que también vos soñáis con la mujer moderna, con esas pobres e histéricas mujercitas que, en su sonámbulo andar a la caza de un soñado ideal masculino, no saben apreciar al mejor de los varones y que, entre lágrimas y convulsiones, incumplen sus deberes cristianos, engañan y son engañadas, buscan y eligen y rechazan una y otra vez, nunca son felices ni hacen feliz a nadie, y se quejan del destino, en vez de confesar tranquilamente que lo que ellas quieren es amar y vivir como vivieron y amaron Helena y Aspasia. En la relación entre el varón y la hembra la naturaleza no conoce lo permanente.

– Madame…

– Dejadme terminar. Es el egoísmo del varón el que quiere enterrar a la hembra como se entierra a un tesoro. Todas las tentativas de introducir permanencia, mediante ceremonias, juramentos y contratos sagrados, es la cosa mas inconstante de la inconstante existencia humana, en el amor, han sido un fracaso. ¿Podéis negar que el mundo está corrompido?

La venus de las pieles II

14 de abril de 2010
– Pero… ¿cómo puedes tratar de ese modo a una mujer tan guapa?
– Examínala bien -replicó, guiñando divertidamente los ojos-, si la hubiese halagado, me habría puesto la soga al cuello, pero como la educo con el látigo, me adora.
– ¡Pero eso es absurdo!
– ¿Absurdo? Así es como hay que domar a las hembras. La frase de Goethe, “tienes que ser martillo o yunque”, a nada se aplica mejor que a las relaciones entre el varón y la hembra.

Extraído y resumido de "La Venus de las Pieles", de Leopold Von Sacher-Masoch

La venus de las pieles I

–Llamáis cruel -replicaba con viveza la diosa del amor- a lo que en realidad constituye la sustancia de la sensualidad, la sustancia del amor jovial, a lo que es la naturaleza de la hembra, que consiste en entregarse cuando ama y en amar todo aquello que le gusta.
– ¿Hay, para el amante, crueldad mayor que la infidelidad de la amada?
–¡Ay! -replicaba ella-, nosotras somos fieles mientras amamos, pero lo que vosotros nos exigís es fidelidad sin amor y entrega sin placer. ¿Quién es, pues, cruel, la mujer o el varón..?
– Os agradezco esa lección que acabáis de darme, pero lo que no podéis negar es que el varón y la mujer son enemigos por naturaleza, y que el amor los une por un breve tiempo, haciendo de ellos un único ser, para luego desunirlos todavía más; y quien entonces no es capaz de imponer su yugo… pero eso lo sabéis vos mejor que yo… quien entonces no es capaz de imponer su yugo, sentirá pronto en su nuca el pie del otro.
– O sea, que ahora sois mi esclavo sin ilusiones y yo, a cambio, os pisotearé sin piedad. ¿Aún no me conocéis? Sí, soy cruel… ya que tanto os gusta esa palabra… ¿y es que no tengo derecho a serlo? El varón es el que desea, la hembra es la deseada, esa es su única, pero decisiva ventaja; merced a la pasión del varón la naturaleza lo ha entregado a la mujer, y la que no sabe convertir al varón en su súbdito, en su esclavo, incluso en su juguete, y que no sabe a la postre traicionarlo entre risas, no es una mujer inteligente.
– Esos principios vuestros, Madame… -objetaba yo indignado.
– Estos principios míos -respondía ella con su sarcasmo- se basan en una experiencia milenaria. Cuanto más fácil se entregue la hembra, tanto más pronto se volverá frío y dominador el varón; pero cuanto más cruel y desleal sea ella, cuanto más despiadadamente juegue con él, cuanto menos compasión muestre, tanto más excitará la sensualidad del hombre y más amada y adorada será por él. Así ha sido siempre.

Extraído y resumido de "La Venus de las Pieles", de Leopold Von Sacher-Masoch