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Ama

8 de junio de 2012
Ama de sí misma. Ama.

Dueña de las riendas de su vida. Elije.

Enseña con el ejemplo, ni una palabra. Danza.

Es y existe. Come, sueña, coje, ríe, canta.

Ella es...

Dos, Tres, Dos.

15 de junio de 2011
Luego de dos cancelaciones, llegó el día en que ella nos invitó a su casa. Amiga de la facultad de mi novio, ellos habían tenido algunos encuentros antes de conocerme, y hace casi dos meses yo le regalé a él una tarde de sexo con ella. ¿Por qué? Porque quiero verlo feliz, porque quiero verlo jugar, porque no quiero atarlo ni poseerlo, porque si hay algo que me gusta de él es su sexualidad, su perversión y su capacidad de juego.
En mi fantasía estaba todo bien, pero internamente sabía que no sería fácil. 
Sábado a la noche, llegamos a su puerta con un Cabernet. Ella me gustó, era bonita, inteligente, atrevida y sensible. Nunca había estado con una pareja ni con una mujer. 
Nos sentamos en el living, ella nos sirvió el vino que estaba tomando, que era el mismo que nosotros habíamos traído, casualmente.
Pasó el tiempo y pensamos que ya no iba a pasar nada, lo que me puso un poco de mal humor. Creo que ella lo notó y se acercó, sin mas, se sentó en el medio de los dos, levantó los hombros en un gesto tímido y nos miró con algo de temor. Me pareció valiente, hermosa, empecé a acariciarla y todo el resto desapareció. Hacía mucho que no estaba con una chica, y me había olvidado lo que me gusta, cuando hay piel.
Él nos llevó a la cama. Todo se dio de forma muy fluida, el tres pulsaba, nadie quedaba afuera nunca, era como una danza perfectamente coreografiada pero con toda la magia de la improvisación. Ella estaba entregada a la experiencia, al igual que yo. En ese momento me di cuenta que no era un regalo para él, sino para ambos, hasta ese momento no lo sabía.
Quedamos extasiados en la cama, él en el medio y nosotras a los lados, abrazados. Respirando. Los ojos se entrecerraban, y la noche iba muriendo. Entre caricias, besos y abrazos me di cuenta de que estaba "compartiendo a mi novio". No sólo era sexo, era todo. La odié, quería matarla. En ese instante apelé a todos mis aparendizajes sobre el desapego, la mente, la respiración. Aun quería matarla, pero estaba conciente de que esos sentimientos no me iban a dominar, sino yo a ellos. ¿Que sentido tenía alimentar a estos pensamientos? Ninguno, los dejé pasar.
A la mañana, luego de tener sexo nuevamente, nos quedamos un momento solas, abrazadas en la cama. Le agradecí, desde el corazón, que nos abriera su casa, sus puertas, su cuerpo. Cuando la veía interactuar con él se me revolvía el estómago, incluso una mirada, una palabra, cualquier cosa me dolía. Pero lo dejaba ir. Podía hacerlo porque sentía que él me elegía, y también porque sabía que si algún día él no me elige, es lo que tiene que ser, con o sin trío de por medio. 

Aprendí que en lo sexual el tres es perfecto para mí. 
Aprendí que en todo el resto de lo vincular no puedo ni quiero estar de a tres.
Aprendí que si no estamos dispuestos a sentir un poco de dolor, nos vamos a perder de muchas experiencias maravillosas que la vida puede ofrecernos.
Redescubrí que el dolor es inevitable, pero es parte del todo. 

Uno, dos, tres.

25 de abril de 2011
Esa noche, entre tangos y luces, le recordé que quería hacerle un regalo: una noche con una trola y conmigo, o un encuentro libre con una amiga de él. Obviamente eligió lo segundo, y esa misma semana ya tenía el encuentro programado.
Sentí mucha ansiedad, como un cosquilleo, algo de nervios y alegría. Era una amiga de la facultad, de la que ya habíamos hablado antes. El me contó que le encantaba disfrazarse y que la cojan por la cola. Me gustó.
Llegó el día, nos despedimos con un beso. Yo empecé con mis clases, apenas podía concentrarme. Tenía ganas de que ya sea la noche. A eso de las tres de la tarde sentí cómo se paraba su pija, sí, a la distancia, sentí su calentura y empecé a extrañarlo.
Terminé las clases y me pegué una ducha. Al rato recibo un sms suyo, estaba volviendo.
Me senté a meditar un rato, porque estaba completamente descentrada. Sentía una profunda tristeza y algo de enojo también. Me sentía insegura. Cómo la habría pasado? Ella sería más linda que yo? Le habría gustado más su cuerpo, sus formas, se mente? No podía parar de pensar, hasta que al final de la meditación recordé que era un regalo para él, y me dio alegría poder dárselo. Esto es amor, pensé.
Llegó y hablamos de boludeces, me había comprado un termo nuevo (el mío ya no daba más), y hablamos durante otro rato de eso. En un momento le confesé que no sabía si quería saber o no. Hicimos un mate, me senté en sus piernas y empezamos a hablar. Me contó unos detalles de su vida, de su casa, de su gato. Me mostró una foto que ella me había enviado como regalo. Ahí me di cuenta de que no quería saber más. Le pregunté si lo había pasado bien. Era lo único que quería saber ahora. Me dijo "bien".
Esa noche casi no pude dormir. Estaba a punto de salir a caminar cuando decidí meterme nuevamente en la cama y abrazarlo. Luego de un rato largo logré desaparecer del mundo.
Al otro día no me sentía mejor, segui triste y enojada conmigo. Me puteaba por haber tenido esta ridícula idea. ¡Si estábamos tan bien! pensaba... ¿Para que mierda le habré propuesto esto? Sentí que era casi como un auto-boicot, o algo parecido.
Tuvimos el almuerzo de pascuas. El último lugar de la tierra donde quería estar... Veía al resto de las parejas, tan cómodas, hablando de hijos, de trabajo... Y yo no podía dejar de pensar que no pertenecía ahí. Que nunca lo haría. Me sentía ambivalente.
Nos fuimos. En el viaje de regreso ya me sentía mejor, y me empecé a excitar. El colectivo vino repleto, y él aprovechaba para apoyarme de tanto en tanto. Cuando llegamos a casa nos acostamos en la cama, estábamos exhaustos luego de la reunión familiar. Me acerqué y le pedí que me toque. Me dijo que me sacara el jean y la tanga, y empezó a tocarme. Me subió a su cara para chuparme, hace mucho que no lo hacía. Me di cuenta que en nuestras primeras veces lo hacia siempre, y que a ella se lo habría hecho, y lo sentí como una recompensa. Acabé en su cara. No dijimos ni una palabra.
Luego de cenar le dije en broma que me tenía que cumplir como marido, como indirecta de que quería hacerlo de nuevo, pero esta vez con él. Se subió sobre mí y me empezó a cojer. Yo me sentía muy bien. Me di cuenta de que lo había extrañado. Le pregunté si me había extrañado y me dijo que mucho. Lo sentí más excitado de lo normal, me miraba con esos ojos perversos que me queman la cabeza. Me coje con los ojos, y eso me mata. Me cojía cada vez más fuerte y me dolía, yo gritaba fuerte pero me lo bancaba, buscando ese punto en donde el dolor se convierte en placer. Estaba cada vez más mojada. Lo imaginaba cojiendo con su amiga y me moría de calentura. Supe que había hecho lo correcto. Quería darle todo. Podía darle todo.
Me dijo que me suba sobre él, empecé a moverme yo arriba. Siempre le pregunto cuando cojemos si soy su preferida, y el me contesta que no, que soy la única. Ahora podía elegir. Le pregunté entonces si era su preferida, y me dijo que sí, que lo era. Me gustó escucharlo de su boca, mientras sentía su pija clavarse cada vez más adentro. La calentura que teníamos era increíble. Tuve que parar de moverme para que no acabe. Respiramos, le di un beso y seguí. Empecé a sentir mi orgasmo y el suyo. Como nunca.
Me sentí más suya que nunca. Feliz. Completa. Con todas las incertidumbres y certezas en perfecto equilibrio.

Recuerdos

18 de febrero de 2010
Nuevamente su boca en mi boca,
su mirada intensa y juguetona,
su abrazo cálido, maternal, profundo.

Ella me enseña y aprende de mí.
Hay días en que creo que somos una.

Y me recuerda algo que había olvidado:
"vos cuando amas querés darle todo al otro,
ser perfecta para él".

Doloroso y dulce recuerdo... ser perfecta. Cierto, cierto...

Cuando estoy con él soy suya, completamente suya.
Cuando estoy conmigo soy mía y de nadie más.

Que sucederá cuando el tiempo pase,
y me vaya acercando cada vez más a su lado..? - me pregunto.

Regalo

31 de octubre de 2009
Se acerca el aniversario, y quiero regalarle algo muy especial.

Un momento, un sueño, una noche...

El tres vuelve, para recordarnos el inicio.

Como nos conocimos, en ese momento donde todo fue perfecto, exacto.

Quiero regalarle eso que tanto desea, quiero verlo disfrutar.

Calentarme viendo como sus manos recorren mi regalo.

En un exceso de generosidad, dirían algunos,
pero para mí es lo que tiene que ser.

Un regalo para ambos, un juego.

Para el hoy, y para siempre.

Con amor y devoción.

Ella

4 de septiembre de 2009
Parecida. Un pasado similar, y un presente compartido.
Una diferencia: el collar.

Es el destino, seguramente, tantas causalidades.
La dejo hablar, deja que le cuente. Nos miramos.

Me quiero sacar una duda, me acerco...
Me recibe tímida y entregada, espera que le marquen.
Pero se mueve porque siente que tiene que hacerlo,
hasta que la inmovilicen para que sepa cuál es su lugar.

Puedo hacerlo, quiero hacerlo.
Comprobaré si es tan puta, y si me excita tanto.

Me corre la boca, se por qué lo hace. Me río.
Es el inicio de un vínculo, quién sabe cómo, quién sabe adonde.

Se sube al auto y se aleja.

Fue un hasta luego...

En córdoba y la luna

1 de septiembre de 2009
Respiro hondo. Inundo el cuarto con mi presencia.
Y me siento a escribir algo.

Recuerdo, cuando fuimos tres en tu cama. Y fuimos uno.
Recuerdo excitarme viendo como te excitabas, y la mojabas.
El juego, la luna, la música que regresaba a nosotros y los abrazos...

Si la perfección existe es eso. Ideal. Sublime. Exacto.

Tres cuerpos. Tres mentes. Tres noches.

Tu cama era mi lugar, vos eras mi lugar.
El aire de entonces, el verano. La noche, la avenida y el colchón.

La vida palpitando dentro y fuera.

La milonga que esperaba por mí, las estrellas y el hasta luego...