Milonga I

18 de agosto de 2010
Llego a un nuevo lugar con una mezcla de incertidumbre y expectativa. Pregunto al chico de la puerta si hoy hay milonga, sólo para estar segura. Me responde "hasta las 3 de la mañana". Es martes, pero Buenos Aires no duerme.

Entro con cuidado, camino despacio para tener tiempo de observar la escena, y elegir el mejor lugar donde sentarme. Cambio mis botas de invierno por mis zapatos de ensueño, sandalias con taco infinito y piel de reptil. Pido una copa de vino y espero.

Se acerca alguien y me invita a bailar. Me entrego al abrazo en un juego de compartir mi eje y volver a él. Dialogamos con los pies y con los cuerpos. Experimento una vez más el placer de disponer y dejarme llevar.

Entre tango y tango salen palabras, la mayoría banales, como de costumbre. Pero con una voz de otros lugares, mi compañero de tanda me revela: "Cuando viajas, lo que creías fijo no lo es, casa, amigos, trabajo, familia. Entonces, te das cuenta que lo único fijo sos vos. Si te querés conocer, tenés que viajar..."

El silencio duró hasta el próximo tango, volvimos al abrazo y a flotar sobre el piso del lugar. Al terminar nos saludamos cordialmente.

Será..?

6 comentarios:

Hugo dijo...

...qué tengas que viajar?

Tu geisha dijo...

aha...

El alter ego de Mabel dijo...

porque no hay mayor filosofía que la del firulete, al fin y al cabo

Flowers dijo...

Me gustó esta sobriedad. Fue como un post elegante.
Y a una torpe como yo le dan ganas de saber bailar arriba de unos tacos así.

Flowers dijo...

Bueh, y sin ellos también.

Amor primario dijo...

Sí mi querida. Y lo digo con fundamento. Cuando uno viaja, hay una sola mochila que SIEMPRE va con uno...y son esas cosas que son uno mismo. Nada del resto importa porque no pueden cobijarte de nada, resguardarte de nada ni protegerte mas que en los nostálgicos recuerdos. Viajar es una de las cosas mas hermosas de la vida, auqnue a veces sea duro aceptar todo lo que en ese viaje surge... Adhiero plenamente con ese bailarin!